El 30 de enero de 1872, la joven y acaudalada viuda recibió un disparo mortal de un hombre que no aceptaba haber perdido su amor. Esa muerte conmovió a la sociedad porteña y en especial a su padre, don Carlos José Guerrero, quien en su homenaje hizo construir una imponente iglesia en el barrio de Barracas. Dice la leyenda que desde entonces el fantasma de Felicitas siempre está presente.

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