Durante su funcionamiento, entre 1902 y 1947, el penal albergó presos de la talla del “Petiso Orejudo” y Simón Radowitzky, el anarquista ucraniano, quien logró sortear los dos grandes probelamas para escapar del lugar: la geografía y el clima. En charla con Télam, autores e historiadores recordaron los casos más destacados.

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