Tenía trece años y Luis Zamboni ya se enorgullecía de su ultraderechismo. Adolescente con pocos escrúpulos, participó del secuestro de dos soldados en el Colegio Militar, de donde fue expulsado. No se alejó del mundo castrense ni de la ilegalidad: hacía delivery de oro en negocios poco claros de oficiales de la Armada aunque demostró ser demasido “rápido” para los mandados.

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